El Caso del Liceo Naval
Reflejo de Problemas de la Sociedad Entera
que tenemos la obligación de abordar

Dr. Carlos F Cáceres ¹
Centro de Investigación Interdisciplinaria en Sexualidad, SIDA y Sociedad, UPCH

La reciente denuncia de un estudiante de 4to de secundaria del Liceo Naval Almirante Guisse de que habría sido sometido a violencia sexual por miembros del equipo de fútbol sub-17 del liceo cuando retornaban al mismo en un bus escolar, ha conmocionado a la opinión pública. El joven requirió atención médica como resultado del incidente. Ante la falta de respuesta del liceo, la familia presentó una denuncia. Los problemas críticos del sistema educativo que este caso evidencia, reflejan problemas mayores de la sociedad entera, que deben ser comprendidos y abordados – mientras antes, mejor:

Los Antecedentes – Hostigamiento e Indolencia
Es claro que éste no habría sido un hecho aislado. Según los familiares del joven, entre otros testimonios, desde hace al menos tres años éste venía sufriendo, y denunciando, episodios de hostigamiento (bullying) por parte del mismo grupo. Hasta este incidente, dicho bullying habría adoptado diversas modalidades, incluyendo la violencia física, pero sin contenido sexual (aunque en el pasado ya habían intentado un ataque sexual, sin lograrlo). Frente a sus denuncias solo habría encontrado indolencia.

Tristemente, el bullying sin violencia sexual entre jóvenes no es tomado en serio: Entre varones es típicamente físico, y se le suele ver como un ‘juego’ inocuo por el cual ‘aprenden a ser hombres’ – no importaría que se den, como se va conociendo, situaciones que involucran huesos fracturados e incluso la muerte de un joven por sus hostigadores, meses atrás en Huancayo. Entre mujeres no es físico, pero la violencia psicológica que utiliza puede ser muy dolorosa. No hay que olvidar tampoco que el uso emergente de medios digitales e IA está transformando el bullying hacia hombres y mujeres y requiere ser mejor comprendido para generar una respuesta adecuada, incluyendo la dimensión legal.

Posible trasfondo: Discriminación Étnico-Racial y de Clase
Mientras el agraviado cursa el 4to año de secundaria, los supuestos perpetradores, de la selección Sub-17 del Liceo, cursan el 5to de secundaria. Sin ser del equipo, el agraviado fue invitado a jugar por un entrenador, dado su talento en el fútbol. La familia sostiene que el bullying resultaría del rechazo a ese supuesto privilegio, especialmente por su condición mestiza (piel morena y cabello ensortijado) – en un equipo que nunca se había caracterizado por su diversidad.

Así, interpretaríamos que este joven estaba siendo hostigado para recordarle (a él y a otros) que no pertenecía allí; para que no se ‘acomodara’. Conviene aquí recordar que, si bien entre menores la discriminación por diversas condiciones se suele expresar mediante bullying, en ocasiones no parece haber un motivo concreto para discriminar (una condición estigmatizada), y los perpetradores parecerían buscar solo asegurar un liderazgo frívolo ridiculizando ‘al otro’ de la forma más cruel posible. Análogamente, no todo acto discriminatorio se expresaría hostigando abiertamente a otra persona; muchas veces, solo es posible discriminar si se actúa de forma oculta.

Violencia sexual como modalidad de hostigamiento
Como se indicó, aunque este no sería el primer episodio de hostigamiento perpetrado por este grupo contra el agraviado, y otros ya habían sido denunciados, sin mayor respuesta del liceo, lo que aquí produjo una detonación en medios fue el contenido sexual de la agresión, susceptible de varias lecturas: Si bien este ataque humilla al agredido al emascularlo simbólicamente, deja también mal parados a los perpetradores, extendiendo un halo de duda sobre su equilibrio psicosexual e incluso sobre su supuesta heterosexualidad (ciertamente, la no-heterosexualidad ya no debe ser un problema para nadie, pero la aparición de dudas sobre la heterosexualidad de estos futbolistas hijos de oficiales de nuestra Marina de Guerra, históricamente aristocrática, explica por qué esta noticia explotó como explotó).

El Papel de la Trama Sexual
Al término de muchas guerras, la violencia hacia la población civil (o hacia los derrotados) se torna aceptable o incluso se generaliza; y en tales casos la agresión sexual a mujeres o a hombres se convierte en una forma privilegiada de ejercerla. Esto ocurre porque, casi universalmente, violar la autonomía sexual de las personas genera humillación y dolor extremos, en términos no solo físicos sino también simbólicos. Justamente por ello, en tales situaciones, la violación masiva de mujeres generaría embarazos con progenitores anónimos del bando enemigo, y las deshonraría no solo a ellas, sino también a la nación derrotada en pleno, cuyos hombres fracasaron en la protección de ‘sus’ mujeres. Análogamente, la violación de hombres derrotados los emascula al no poder proteger sus cuerpos del abuso de otros varones. Se trata de usar el poder para humillar y destruir a otra persona.

La Responsabilidad de los Adultos
Dos puntos clave adicionales: (1) El acto cometido, una ‘violación en banda’, agrava la figura penal. (2) En el bus había tres adultos (el chofer, un profesor y un entrenador), los cuales estaban obligados a impedir lo ocurrido. Si bien los actos de los menores son infracciones, la inacción de los adultos frente a una violación en banda configuraría un delito por omisión agravado. Aún no han sido investigados, y tal investigación se daría a nivel de justicia penal (por ser adultos).

El Silencio del Liceo
El silencio institucional (con acciones tímidas y parciales) ha permitido comprender otro aspecto clave del problema: el Liceo Naval depende de la Marina de Guerra, en la que los oficiales, padres de los estudiantes, tienen distinto nivel de poder, según su rango. Los perpetradores tenían antecedentes – había habido varias denuncias contra ellos en el pasado, pero no habían sido sancionados, e incluso estaban representando al Liceo como equipo sub-17. Es probable que dentro del Liceo existan elites de estudiantes ‘intocables’ por el nivel jerárquico de sus padres, contra los cuales directivos y docentes no se atreven a actuar.

Necesidad de comprender para responder
El caso muestra, como se ha visto, un conjunto de elementos delicados que, a su vez, han permitido que se tome conciencia de otros – Por ejemplo, según SISE VE, el sistema de denuncias de violencia escolar del MINEDU, se viene reportando un elevadísimo número de tales denuncias, y algunos colegios para sectores de altos ingresos tienen los mayores números de denuncias; el Liceo Almirante Guisse ocupaba el 11mo. lugar. En cualquier caso, las dimensiones del problema evidenciadas en el colegio (violencia, discriminación, privilegio) requieren un abordaje urgente, aunque sabemos que las medidas serán paliativas y de alcance temporal mientras no se aborde la violencia, la discriminación y el privilegio que se dan, históricamente, en la dinámica social del país en general.

Elementos para un Abordaje Serio de Este Problema

Un manejo más integral de este tema requiere tomar conciencia de los siguientes puntos: Un primer punto a abordarse, casi con urgencia, es la indolencia frente al bullying sin contenido sexual en general, responsable del sufrimiento de muchos jóvenes (el bullying con violencia sexual llama la atención por el interés morboso que genera, y su manejo puede o no ser apropiado). Los centros educativos deben ser lugares seguros para todas y todos; es inaceptable que estudiantes teman ir al centro educativo por la violencia a la que pueden estar expuestos.

Un segundo punto: el no reconocimiento de la discriminación. Mucho del hostigamiento observado representa el ataque sistemático y deliberado a personas que son diferentes o que tienen rasgos menos valorados socialmente: etnicidades devaluadas, diversidad sexual y de género, condición de migrantes, pobres, personas con discapacidad (sin olvidar, tampoco, que no toda forma de discriminación como restricción del ejercicio de derechos adopta la forma de hostigamiento permanente y activo: se puede, por ejemplo, borrar silenciosamente a un grupo de la lista de quienes tienen derecho a recibir un beneficio). Se debe abordar todas las condiciones de discriminación relevantes.

Un tercer punto: carencia de educación sexual integral (ESI). En una era de presencia ubicua de material sexual (pornografía, apps de contacto y demás) al acceso de todos los menores, no tuvo ningún sentido eliminar la ESI en el Perú, medida que se justificó distorsionando el enfoque de género como una ‘ideología que confundía a los menores’. En el Perú, sin embargo, ‘género’ se entiende como el correlato sociocultural del sexo biológico, expresado en ‘masculinidad’ y ‘femineidad’; y ‘enfoque de género’ es el que permite analizar las necesidades específicas de cada género, buscando la mejora equitativa de unas y otros; asimismo, en la educación, este enfoque podría permitir fortalecer los valores que la cultura popular asocia a la masculinidad (rectitud, valor, honestidad, capacidad de proteger) y asumir posturas críticas frente a características de los varones tales como la asunción imprudente de riesgos, la dureza, la imposición mediante la fuerza y la intolerancia. También se requiere una comprensión más compleja de la diversidad sexual que caracteriza a las sociedades humanas, donde en los últimos años las orientaciones no heterosexuales y la disforia de género dejaron de ser, para la OMS, categorías patológicas. Ello puede permitir, eventualmente, una sociedad donde no solo se acepte más al otro, sino también a uno mismo (el rechazo de la propia sexualidad suele ser el origen de muchas manifestaciones homofóbicas).

Un cuarto elemento es la responsabilidad compartida de padres y docentes en el desarrollo de valores en los jóvenes, con especificidades, aunque hay que reconocer que la relación actual de los jóvenes con los medios digitales produce una experiencia crecientemente individualizada, en la que éstos se someten a contenidos valorativos diversos. De todos modos, el entorno familiar y el escolar son complementarios y cada uno debe cumplir su papel. Los padres, en tal sentido, deben permitir a los maestros cumplir su tarea, algo que no parecía tan claro en el caso del Liceo: las reacciones de algunos padres de los perpetradores frente a la prensa, que mostraron desde bravuconadas hasta la minimización caricaturesca de lo sucedido, dejan dudas sobre su capacidad de educar (y hacen pensar también que, si sus hijos hubieran sido los agraviados, habrían tal vez pedido la pena más severa para los autores). Como ya se dijo, además, un centro educativo en el que el status de los estudiantes depende en buena medida del nivel jerárquico de sus padres en las Fuerzas Armadas, introduce inaceptables inequidades y hasta limita la capacidad del centro educativo de asegurar la disciplina. Por ello, el encargo de la responsabilidad sobre el Liceo Naval al MINEDU sí tendría sentido.

Un quinto elemento, que muestra que la realidad es compleja, sería la normatividad sobreprotectora de los estudiantes en general, de la cual algunos de éstos han aprendido a abusar. No solo hay normas que prohíben cualquier tipo de contacto de docentes con estudiantes, sino que cualquier denuncia de alguno de éstos contra un docente, que ahora se puede realizar a través del SISE Ve del MINEDU, genera el inicio de una investigación; y ya no se expulsa estudiantes por mala conducta, de modo que la capacidad disuasiva de autoridades y docentes escolares ha disminuido. Docentes que exigen académicamente a los estudiantes deben escoger entre aprobarlos o enfrentar denuncias falsas de índole sexual. En el caso del Liceo esto es más serio aún, por la injerencia de los padres militares; allí se informa sobre la amenaza a un docente que intentaba ingresar al baño para asegurar que no se estuviera violentando a otro estudiante, y al que se le impidió ingresar, indicándole que, si lo hacía, uno de los padres del grupo lo denunciaría por acoso; y también se escucha una grabación de un estudiante que, en plena clase, en voz alta, dice: “Si un profesor me jala, lo mato”. Sin embargo, este es un problema de normatividad mal utilizada que genera impunidad en todo el sistema educativo, de modo que los incidentes se han multiplicado en establecimientos públicos y privados de todo el país, especialmente de las grandes ciudades. Este marco normativo debe revisarse de modo que, sin dejar de proteger a los menores de abusos por parte de los docentes, evite su abuso por parte de los menores, y existan formas de investigar verazmente y sancionar las faltas de todos aquellos que las cometan.

Conclusión

El incidente del Liceo Naval correspondería a un episodio más de hostigamiento sistemático sobre el agraviado, aparentemente como expresión de discriminación racial, y que este caso involucró violencia sexual. Quejas previas fueron desestimadas por el Liceo; en esta ocasión intentó minimizar lo ocurrido, pero se hizo una denuncia pública que ha permitido que se conozcan múltiples problemas de violencia entre estudiantes, hostigamiento de varios tipos, y rebeldía contra docentes, y que ocurren en el Liceo pero también en cualquier centro educativo de Lima y otras grandes ciudades. Debe haber una respuesta efectiva en el Liceo, pero la tarea pendiente va más allá del mismo.

La respuesta del sector educación, además de investigarse mucho más sobre estos temas, debería: (1) Generar una política de tolerancia cero frente a todo tipo de violencia y bullying; (2) Implementar valores basados en la igualdad ante la ley, los derechos humanos de todos y el respeto a las diferencias, rechazando toda forma de discriminación; (3) restablecer los elementos básicos de una educación sexual integral que eduque sobre el respeto a la autonomía sexual de las personas, el género y la sexualidad; (4) explicitar responsabilidades de padres y educadores sobre la formación de los jóvenes; y (5) revisar la normatividad del sistema educativo, para mejorar la vigilancia sin permitir la perversión del sistema con amenazas o denuncias falsas, evitando así la impunidad, y asegurando que en los centros educativos, sin privilegios, se respete la ley.

Sin embargo, el caso configura un problema multidimensional que trasciende el sistema educativo; su abordaje, partiendo del mismo, debería extenderse a los múltiples procesos sociales en los que tales dimensiones son evidentes. Así, a nivel multisectorial, debería eliminarse toda forma de violencia; educarse y sensibilizarse para valorar la diversidad y prevenir toda forma de discriminación; eliminarse privilegios que no puedan ser defendidos con base en valores ampliamente aceptados, mejorarse el marco normativo, y exigirse el cumplimiento de la ley y de las normas de buena convivencia, para avanzar en la construcción de una cultura de paz. Por más que la materialización de estos cambios permanezca en la esfera de lo utópico, no deja de ser una meta que todas y todos tendríamos la obligación de adoptar.

 

 


 ¹ Médico y epidemiólogo social. Profesor Principal de Salud Pública. Director del Centro de Investigación Interdisciplinaria en Sexualidad, Sida y Sociedad de la UPCH.